Análisis de PKZIP 12
Ha pasado mucho tiempo desde que los compresores de archivos podían despertar grandes pasiones entre los usuarios, si es que alguna vez lo hicieron, pero hoy día existen tantas aplicaciones para reducir el tamaño de los documentos digitales que, más o menos, resulta indiferente cuál se utiliza. A fin de cuentas todas hacen lo mismo, ¿no es verdad? En realidad no. Si bien es cierto que existe una función básica −la compresión− a partir de la cual se diseñan todos los programas de compresión, la carrera por seducir al usuario consiste hoy en añadir soluciones que automaticen mucho más que la simple compresión.
En cualquier caso, existe un hecho difícil de cuestionar: PKZIP fue la aplicación que puso al alcance del usuario medio la posibilidad de reducir el tamaño de sus archivos, en una época en que los discos duros, como todas las piezas del ordenador, eran extremadamente caros. Aún más, el padre de PKZIP fue también el padre del formato Zip. Corría el año 1989 y el desventurado protagonista llevaba por nombre Phil Katz. No voy a añadir ni una palabra más acerca de Katz, pues su historia es tan interesante, y tan tristemente trágica, que recomiendo leerla completa.
Pero basta de preámbulos. Ya dije que en la actualidad las aplicaciones de compresión de archivos juegan la baza de añadir funciones nuevas, más o menos útiles, y de modificar las interfaces para, por una parte, justificar una actualización por parte de los clientes existentes, y por otra, atraer a los nuevos consumidores frente a todas las alternativas, muchas de ellas gratuitas (por no mencionar la habilidad de los últimos sistemas operativos para gestionar nativamente los documentos comprimidos).
Sin embargo, parece existir todavía margen para la mejora. PKZIP ha adoptado el modelo de interfaz ribbon que Microsoft inauguró con Office 2007 y que tantos fabricantes de software se han apresurado a imitar. De este modo, todas las funciones de PKZIP se organizan ahora más lógica e intuitivamente en una barra de herramientas operada mediante pestañas. No obstante, PKZIP sólo ofrece un perfil de color azul, y esto quizá comprometa la homogeneidad de estilos de las demás aplicaciones instaladas en el ordenador. No es que sea un defecto grave, desde luego, pero durante los últimos años conceptos como el de «diseño de interfaz de usuario» están tan en boga, y tan justificadamente además, que es imposible pasar por alto los defectos referentes a este apartado del diseño de programas.

A pesar de todo, la interfaz de PKZIP es cómoda y lógica, y probablemente incluso el usuario menos dotado descubrirá enseguida cómo realizar la operación que desea sin necesidad de consultar el archivo de ayuda… o de buscar la solución en Internet.
Pero no sólo la integridad de las interfaces ha cobrado últimamente la importancia y el reconocimiento que merece, sino también la privacidad y la seguridad de los datos almacenados, tanto para los particulares como para las empresas. Es obvio que PKWARE ha apostado fuerte por estas funciones crecientemente demandadas, y la prueba es que ha dividido su aplicación en la que ocupa el presente análisis, PKZip, y SecureZIP, que añade funciones de seguridad adicionales para usuarios avanzados.
Seguramente la mayoría de los consumidores se sentirán satisfechos con el cifrado estándar −AES 256− que PKZip ofrece, y no se preocuparán, al menos no en su mayor parte, por habilidades más avanzadas como el cifrado mediante certificado. Asimismo PKZip ofrece el encriptado no sólo del contenido de los archivos, sino también de los nombres de los mismos; sin embargo, para descifrar los archivos codificados mediante este sistema el usuario necesitarán alguna de las aplicaciones de PKWARE. Dicho de otro modo, no es un modelo de cifrado compatible con los demás compresores del mercado.
Se trata, en resumidas cuentas, de un compresor bien pensado y diseñado: hace todo lo que uno espera que haga y lo hace con rapidez. Probablemente vale los 30 dólares que cuesta, pero en conjunto sufre un par de defectos que, de solventarse, mejorarían todavía más la impresión global. Por una parte, PKZip no soporta el formato 7z, demasiado extendido a estas alturas como para pasarlo por alto bajo ningún pretexto. Incluso si, por motivos estratégicos, a PKWARE le parece imprudente incorporar la compresión 7z a su producto, al menos debería soportar la descompresión. Por otra parte, un sencillo sistema de respaldo automático de archivos beneficiaría enormemente a la aplicación: de este modo no sería tan sólo un programa de compresión y descompresión de archivos, sino que también tomaría posiciones en el mercado de aplicaciones de backup. A fin de cuentas, ¿no es precisamente para eso para lo que comprimimos nuestros documentos hoy día?
Más información en pkware.com.
