Review de Swish video 3
¿Camarógrafo aficionado o director de cine en ciernes, responsable de las memorias familiares o entrevistador callejero en tus ratos libres, autor de videoarte o analista de cámaras de vídeo digitales? No importan tus inclinaciones videográficas, lo que cuenta es que hoy día cualquiera puede distribuir cómodamente sus creaciones mediante Internet, ya sea con una modesta clientela familiar, ya sea con vistas a hacer saltar los fusibles de Internet con el vídeo viral más rompedor desde… bueno, desde aquella desvergonzada escenificación del rollizo adolescente norteamericano que cantaba… cielo santo… Numa numa, de Ozone…
Que ver vídeos distribuidos por Internet se ha convertido en un hábito cotidiano de los navegantes de todo el planeta lo demuestra el éxito de portales como YouTube, Metacafe, Atom Films y demás. A ello ha contribuido, entre otras cosas, la difusión de la banda ancha por los hogares del mundo desarrollado. Los portales mencionados, cada uno en su estilo (Atom Films, por ejemplo, sólo publica vídeos grabados por los propios usuarios), permiten a los internautas subir y emitir sus vídeos caseros, cortometrajes y clips musicales en cuestión de minutos y cien por cien libre de gastos. Gratis como la luz del sol, punto. Sin embargo, existen otras formas igualmente cómodas de poner a disposición de cientos de millones de personas, si no miles de millones, los clips de elaboración propia.
Dejaré para otro momento la discusión sobre cuál es el formato ideal, si acaso existe, para realizar esta tarea –H.264 para QuickTime y Flash Player, WMV de Windows Media, archivos real de RealPlayer– y me centraré en los vídeos flash (flv), que emplean el omnipresente plug–in Adobe Flash Player para ser reproducidos en los navegadores. A fin de cuentas, tanto Flash como flash vídeo se han convertido en estándares dominantes.
Convertir un archivo de vídeo en un vídeo flash es una tarea tan sencilla que no tiene sentido detenernos a discutirla: basta con adquirir alguna de las aplicaciones disponibles en el mercado, importar el archivo a codificar –avi, mov, wmv, ponle nombre–, configurar unas pocas opciones y hacer clic sobre el botón «comenzar» o similar. Y ahí lo tienes, cocinado y listo para colgarlo en Internet. Por supuesto es necesario un reproductor de flv’s, es decir, un archivo flash convencional con un código actionscript específico que proporciona una interfaz para manejar el vídeo (carga, reproducción, avance y retroceso rápidos, play, stop, etcétera), y lo demás es historia. Existen hoy día tantos programas de software que permiten a los aficionados al vídeo ejecutar esta sencilla tarea de conversión que podría pasarme una semana probándolos y escribiendo análisis y conclusiones, pero basta con un par de botones de muestra a guisa de prueba, y debo decir que Swish Video 3 me ha dejado un buen sabor de boca.
La interfaz es sencilla y amigable, con la extensa gama de opciones ordenada en pestañas, pero no estoy seguro de que las preferencias por defecto sean las más adecuadas para distribuir vídeo por Internet, de modo que el usuario quizá desee introducir algunos cambios. La primera pestaña contiene las opciones de vídeo fundamentales, y es aquí donde ingresamos el archivo de entrada, a continuación fijamos las opciones de compresión, esto es, el número máximo de kilo bits por segundo –cuanto mayor sea esta cifra, mayor será el tamaño final del archivo y mayor la velocidad de conexión a Internet requerida para reproducirlo sin interrupciones–, la frecuencia de fotogramas clave y el códec usado para la codificación.
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Nota:
Es importante que el usuario tenga claros estos últimos dos conceptos, pues de ellos depende en gran medida la calidad y la funcionalidad del vídeo. Los fotogramas clave son aquellos que contienen toda la información de una imagen y que son utilizados como referencia para construir las imágenes subsiguientes, es decir, todas aquellas que estarán basadas en él. Imaginemos por ejemplo una imagen completamente azul y asumamos que se trata de un keyframe o fotograma clave. A continuación imaginemos una segunda imagen, una imagen azul con un rectángulo de píxeles de color naranja situados al final. Esta imagen está basada en la imagen previa. ¿Cómo podríamos reducir la información necesaria para reconstruirla? Pues bien, bastaría con agregar tan sólo la información correspondiente a los cambios operados desde la imagen anterior (es decir, los píxeles naranjas, pues el resto de datos es idéntico); así pues, ahorraríamos información y, por tanto, peso de archivo.
Como consecuencia de todo lo anterior, tanto la calidad de la película como su tamaño guardan una estrecha relación con la cantidad de keyframes presentes. El problema de los vídeos flash reside en que los reproductores sólo pueden avanzar y retroceder sobre keyframes, nunca sobre delta frames (fotogramas basados en keyframes), de modo que es necesario al menos un keyframe por segundo para que el usuario –o el autor, si a eso vamos– pueda desplazar la película adelante o atrás sin saltos, como haría por ejemplo con una vieja cinta VHS. Si, pongamos por caso, una película a 25 fotogramas por segundo tiene establecido un intervalo de keyframes cada 125 fotogramas, las funciones de avance y retroceso funcionarán exclusivamente a intervalos/ saltos de cinco segundos –25 fotogramas, 1 segundo; 125 fotogramas, ¡5 segundos!–, y no podría desplazarse automáticamente hasta un punto que no fuese múltiplo de cinco. No obstante, esto no afecta a la reproducción estándar.
Aún más importante es la cuestión del códec, es decir, la «fórmula» empleada para comprimir un archivo. Flash MX introdujo el códec Sorenson Spark, una variante de h.263, para codificar los vídeos en formato flv; aunque en su momento constituyó una excelente herramienta para la distribución de vídeo por Internet, fue superado no mucho después por el códec VP6 de On2, que, aunque magnífico, resulta un poco caro, sobre todo cuando no se le va a dar un uso comercial. La inmensa mayoría de las aplicaciones que convierten archivos de vídeo a vídeo flash emplean Sorenson Spark –al igual que YouTube*, sin ir más lejos– debido a la patente que rige sobre el avanzado VP6. Swish Video 3 permite utilizar el códec VP6 de On2 si está instalado en el sistema del usuario.
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SV3 incluye algunas otras opciones de configuración en la primera pestaña, incluyendo la frecuencia de fotogramas por segundo; curiosamente, la lista desplegable no incorpora 25fps ni ninguno superior, aunque se puede introducir manualmente la cifra que se desee. Para vídeos de una cierta duración se recomienda respetar la frecuencia del archivo original o, al menos, mantener ésta por encima de 25, pues de lo contrario podrían ocasionarse problemas de sincronización entre los canales de audio y vídeo. Así mismo es posible desentrelazar los archivos de entrada, allí donde sea necesario, añadir un canal alpha al vídeo si se cuenta con el mencionado códec de On2, y modificar las proporciones del vídeo de salida.
Swish Video 3 contiene algunas otras opciones útiles en la pestaña siguiente, como por ejemplo el sistema de recorte, de modo que sólo se incluya una región definida del vídeo, y la especificación de la franja de tiempo de vídeo que se desea codificar. Por último, es posible también sacar una instantánea del vídeo, que por lo general se utiliza para ofrecer a los usuarios una previsualización estática del documento, como por ejemplo la imagen de muestra de los clips de YouTube que aparece antes de iniciar la reproducción. Swish Video 3 optimiza automáticamente la imagen en formato jpeg. (Esta misma opción aparece como «make snapshoot» en el apartado «tools» de la barra de herramientas, pero mucho me temo que la aplicación se ha colapsado las dos veces que he intentado testar esta opción.)
Es muy posible que la siguiente función de Swish Video 3 resulte particularmente útil a los autores de vídeo: consiste en la impresión de una imagen, como por ejemplo un logotipo, sobre una zona definida de la secuencia de vídeo.
Por otro lado, incluso el vídeo más sencillo posiblemente requiera algunos ajustes de audio: SV3 permite incorporar archivos MP3 externos a guisa de banda sonora, si bien no hay modo de sincronizar los canales de audio y vídeo; también permite establecer las opciones de compresión, además de exportar el canal de audio del archivo de entrada como MP3. (Nota: recuerda que el tamaño total del archivo resultante será la suma del vídeo más el audio. Por ejemplo, si configuras el bitrate de vídeo para conexiones a Internet a 500Kbs –un bitrate aproximado de 450Kbs–, y si a continuación le añades audio a, digamos, 50Kbs mono, el vídeo se distribuirá a 500Kbs (450 + 50).)
Quizá algo más avanzados resulten las dos pestañas de configuración posteriores, que incluyen un gestor de subtítulos y otro de eventos, esto es, metadatos incrustados en el vídeo que desencadenan acciones escritas en ActionScript en el archivo flash reproductor. Si no se está familiarizado con Flash, quizá convenga pasar de largo sobre esta pestaña.
Por último, el usuario deberá determinar ciertas opciones relevantes en la pestaña de publicación, como por ejemplo el formato de salida: o bien swf, o bien flv. Conviene tener presente que flv es un auténtico formato de vídeo, a diferencia de swf, que tiene un carácter multimedia y puede albergar una extensa gama de tipos de información, desde código ejecutable hasta audio mp3 pasando por documentos XML y, por supuesto, animaciones vectoriales y de mapa de bits. Asimismo, swf sufre varias limitaciones que lo incapacitan como contenedor de vídeo fiable: por ejemplo, sólo tolera 16.000 fotogramas, y al cabo de pocos minutos de reproducción comienza a presentar problemas de desacople audio/ vídeo. Por tanto, codificar los archivos en formato flv (el auténtico flash vídeo) suele ser siempre la mejor opción. Swish Video 3 incorpora, por último, varios reproductores flash para flv, así como un avanzado método de configuración que posibilita incluir y excluir botones de control (play, rewind, etc.). No obstante, y como suele ocurrir con el software de esta naturaleza, los reproductores tienen un aspecto a la vez extremadamente lúdico y extremadamente poco profesional, de modo que quizá no sea una mala idea poner a Google a prueba en busca de reproductores flv un poco más serios.
Aunque se trata en conjunto de una aplicación sólida, adolece de varias limitaciones, como las que he subrayado a lo largo del análisis. No obstante, quizá sea la más grave la incapacidad de la aplicación de codificar h.264, que, según parece, se convertirá en el futuro en el formato de elección para distribución de vídeo mediante flash. Si bien es cierto que en este sentido el mercado está todavía truncado –h.264 requiere Flash Player 9.0.115, disponible sólo en el 60% de los ordenadores–, es cuestión de tiempo que las cosas cambien y todos demos el salto al nuevo santo digital… esto… h.264
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Consejo:
El precio de las aplicaciones que convierten archivos de vídeo al formato flv rondan los sesenta dólares de media, unos cuarenta euros al cambio actual. Dado que Adobe Premiere Elements cuesta tan sólo noventa y cinco euros, es una buena idea decantarse por este último, dado que además de convertir a flv con el códec VP6 de On2, convierte a h.264, a mov, a wmv, etc. y asimismo es un poderoso editor de vídeo.
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*No obstante, es sabido que YouTube está portando sus contenidos a h.264.
